MADRE BALLENA

02.01.2022

Este cuento maravilloso, recogido con este titulo en Cuentos de los siete vientos (1988) por Julio Camarena, tiene varias versiones más antiguas en la literatura catalana, entre ellas Niraniurieta (1909), recogido en El Rondallari Catalá de Pau Bertran i Bros y Na Lionor (1907), cuento recopilado en "Contes Vallespirench, recogidos por En Mir y Nontoquis" por Esteve Casaponce .

Esta versión que comparto es una recomposición, donde rescato los elementos simbolicos significativos de las dos versiones más antigua que he podido recuperar y los incorporo a la versión de Julio Camarena.


Érase una vez un hermano y una hermana que se quedaron sin padres; él se llamaba Bernardo, ella Catalina. Tenía Catalina una gran melena rubia que cuando se la cepillaba, caían granos de trigo tan dorados que parecían pepitas de oro . Tenía dos palomas blancas que mientras aquellos granos de trigo caían, ellas hacían pic-pic y se los comían. Cuando se lavaba las manos , le caían perlas y diamantes que las palomas blancas no dejaban tocar tierra, y gluc-gluc, se las bebían . ¡Ya lo creo que estaban bien alimentadas las palomas blancas de Catalina!

El niño era algo mayor y pronto tuvo que ir a servir al Rey ,y para que su hermanita no quedara sola, la dejo al cuidado de una vecina viuda que tenía una hija de su misma edad que se llamaba Magus y era muy fea. Por melena tenía un manojo de estopa, y cuando su madre la peinaba, le caían unos piojos como granos de cebada.

Pese a todo, su madre la quería mucho. Por su Magus hubiera hecho cualquier cosa.

Pronto se distinguió Bernardo por el buen trabajo que hacía, y todos los capitanes querían tenerlo en sus compañías. Llego su fama a oídos del Rey, que se dijo:

"Cuando todos se lo disputan, a la fuerza a de valer" - Y lo hizo llevar a su reino para su servicio personal.

Un día el Rey se lo encontró a la orilla del mar y con un retrato en la mano.

- ¿A ver? ¡Que chica más guapa! ¿Es tu novia?

- No, majestad, yo no tengo novia; es mi hermana Catalina.

Tanto le gustó al rey, que le dijo:

-Pues si no te parece mal, ve a buscarla, que la quiero por mujer .

-Pero Majestad, si somos pobres y no tiene vestido para venir a la Corte.

-Pues llévate dos barquitas reales, una para ti

y otra para el ajuar de novia, pero, por tu vida, tráetela.

Cuando llegó a su pueblo Bernardo, le dio a su hermana los vestidos y regalos que traía para ella y la hizo prepararse.

- ¡Ah!, pues yo también voy - dijo la vecina-, y mi hija. Siempre necesitará a alguien de confianza que la sirva.

Y como las barquitas no eran muy grandes, se montaron las tres mujeres en una y el hermano en la otra.

A mitad de travesía, le gritó Bernardo desde su barca:

- ¡Hermana, hermanita, tapate con el pañuelo, no vaya a quemarte el sol !

Y como con el ruido del mar no se oía, Catalina preguntó:

- ¿Qué dice mi hermano, vecina?

-Que te quites el pañuelo y se lo des a mi hija .

- ¿Sera posible? -dijo, extrañada Catalina-. Pero él sabrá; le obedeceré.

Cuando estaban en alta mar, el hermano le previno:

- ¡Hermanita, hermanita, abróchate bien el vestido , no te vaya a quemar la brisa!

- ¿Qué ha dicho mi hermano, vecina, que tampoco lo he entendido?

-Que te quites el vestido y te pongas el de mi hija.

- ¿Será posible? Pero, en fin, él sabrá; así lo haré.

Cuando ya estaban muy adentro, volvió a decir Bernardo:

- ¡Hermanita, hermanita, no te asomes por la borda, que vas a caerte al mar !

-Pero, vecina, no sé en qué idioma me habla mi hermano, que no lo entiendo.

-Ahora dice que te asomes por la borda para que veas el mar.

Según se asomó por la borda, entre las dos la empujaron y la tiraron al mar. En ese momento, pasó una ballena ; abrió la boca y se la tragó entera.

Cuando llegaron las barcas a puerto, estaba el Rey esperando.

- ¿Es esta tu hermana, Bernardo? -preguntó el Rey irritado-. ¿Es ésta la del retrato? Bien me la habéis urdido.

Bernardo no podía dar crédito a lo que veía.

- ¿Pero ¿qué ha pasado aquí? Su pañuelo y su vestido son los de Catalina, pero su cara y su figura son los de la vecina.

Y ella repuso:

-Hermano Bernardo, es que el sol y el relente tornan morena a la gente .

El Rey, no obstante, había dado su palabra.

-Casar, me casaré con ella, pero tú, Bernardo, me las pagarás. ¡Guardias! ¡Enterradlo de medio cuerpo en la playa !

Y se cumplió la orden.

La ballena había seguido a las barcas reales y atado a Catalina con una cadena de plata para que no pudiera escapar. Un día, mientras Catalina estaba allí abajo en el vientre de la ballena, llorando y mirando hacia arriba para ver el resplandor del sol, pudo ver a sus dos palomas revoloteando por encima del agua y las sintió lanzar un grito lastimero.

Catalina decidió hacerse pasar por contenta para que madre ballena creyera que se estaba acostumbrando a vivir bajo el agua.

Un día que estaban cerca de la orilla, Catalina le pidió:

-Por piedad, madre ballena, suelte un poco de cadena para salir a la orilla para mi cuerpo solear y peinarme la melena .

-No, no, que te escaparás.

-¿Como quieres que me escape, ligada como estoy por esta cadena de plata?

Segura de las buenas intenciones de Leonor, la madre ballena le alargó la cadena algunos palmos y Catalina pudo subir hasta la arena, donde la esperaban las dos palomas blancas. Y, mientras peinaba su larga cabellera, le caían granos de trigo, que las palomas blancas se las comían. Y mientras se lavaba las manos le caían perlas y diamante se bebían.

Catalina le preguntó a las palomas:

-Desde cuando no habéis comido?

-Desde que tú no nos has dado.

- ¡Ay, pobrecitas! ¡Qué sed debéis de sufrir!

Catalina le pregunto a las palomas por su hermano Bernardo, a lo que ellas le respondieron por el engaño hacia el rey, había sido castigado y enterrado de medio cuerpo en la siguiente playa.

Catalina lloraba y sollozaba pensando en su hermano medio enterrado

La madre ballena, que todo lo miraba dentro del agua, tiró de la cadena que ataba a Catalina, y esta, a regañadientes, volvió a ser engullida.

Al día siguiente, volvió a pedirle:

-Por piedad, madre ballena, alárgueme la cadena para salir a la orilla a solear mi cuerpo y peinarme la melena.

-No, que llorarás.

-Más lloraré, si no puedo nunca ni peinarme ni solearme.

Y Madre Ballena se los dio.

Así pasaron varios días. Y madre ballena cada día, alargarba un poco más la cadena.

El rey, que no se había olvidado de Bernardo, decidió ir a visitarlo a la playa. A lo lejos pudo ver en la arena, cerca del muchacho, a una mujer que llevaba una cadena muy larga y brillante atada al tobillo. Allí estaba Catalina, a punto de alcanzar con sus dedos la punta de los dedos de su hermano cuando madre ballena tiró de nuevo de ella y la volvió a engullir.

Al siguiente día, el Rey volvió para ver de nuevo a la joven y la vio tan bonita como nunca había visto a otra. El rey se quedó prendado de verdad.

Entonces, como ya iba preparado, en cuanto vio que Catalina estaba bastante alejada de la orilla, cogió con fuerza su hacha real y cortó la cadena de plata. La ballena se revolvió, se agitó, pero nada pudo hacer y se fue dando un coletazo a lo profundo del mar.

El Rey reconoció a Catalina por el retrato que viera a Bernardo y entre los dos, pronto desenterraron a Bernardo de la arena.

¡Que abrazo se dieron los hermanos, tantos días viéndose y sin poder alcanzarse!

- ¡Ay, hermano! -se quejó ella-, ¿y porque dijiste que me quitara el vestido y se lo diera a la vecina?

-Yo no dije eso; yo lo que dije fue que te cubrieras bien con el vestido, que la brisa te podía quemar.

En fin, ya que se puso en claro el crimen de las impostoras, y dijo el Rey:

- ¿Y qué quieres, Catalina, que haga con tu vecina y su hija?

-Montarlas en una barca y dejarlas a la deriva.

Conque las abandonaron en alta mar y Catalina y el Rey decidieron casarse.

Y fueron felices, y comieron perdices, y nos dieron con el plato en las narices.